19 de noviembre día internacional de la prevención del abuso sexual contra la infancia


La sociedad del miedo y la indiferencia y sus víctimas niñas/os y adolescentes

Es un hecho incontrastable el aumento constante de niños, niñas y adolescentes que son víctimas de maltrato físico, emocional, abuso sexual, incesto. Una realidad que confronta las palabras y el sentido de las normas que protegen y exigen protección a los niños, niñas y adolescentes.

¿Cuál es la razón de este desfasaje entre palabra y acción?

El miedo y la indiferencia social.

Miedo que afecta a niños  porque optar por su bienestar, por hacer efectivos sus derechos, por hacer que su voz silenciada sea escuchada cuando han sido víctimas de maltrato físico, emocional, abuso sexual requiere de compromiso y valentía.
Miedo que  como una gran mancha de aceite cubre a tantos operadores del ámbito de la psicología, educativo, judicial. El miedo de no asumir las consecuencias del defender al niño-víctima frente al agresor, más aun cuando tiene poder económico o social.

Miedo y prejuicios sociales estigmatizantes  frente a la “credibilidad”  del adulto que sabe ocultar, mentir y manipular.

El niño queda expuesto en su absoluta  vulnerabilidad social.

Social , porque  no sólo lo ha vulnerado el agresor, sino también  la maestra que ve síntomas o lo escucha y no denuncia; el médico o el psicólogo  que lo atiende y frente a síntomas físicos de agresiones físicas o abuso sexual no diagnostica  ni denuncia y evaden su responsabilidad hipocrática ; el abogado y el juez que no se comprometen humanamente al analizar casos donde se denuncian  hechos de violencia o de abuso sexual infantil, que no apoyan ni privilegian en sus actos o resoluciones a la víctima  más allá de toda consecuencia y presión.

Indiferencia que se plasma cuando no hay intención de capacitarse para conocer las nuevas problemáticas que salen a la luz en la situación familiar y social de un niño, niña y adolescente. La indispensable capacitación multidisciplinaria para abordar tan complejas problemáticas como el abuso sexual infantil, el maltrato, las adicciones en los adolescentes, la violencia en las escuelas y el hogar, etc.

La ignorancia de un operador puede tener efectos devastadores en la vida de un niño, niña y adolescente, porque el acto de un adulto que ejerce un rol de poder en la vida de ese NNA  y debe intervenir  (sea un maestro, psicólogo, abogado, juez) podrá salvar o destruir su proyecto de vida. La dimensión del acto cobra en esas situaciones efectos de trascendencia aunque no se quiera ver.

La indiferencia de una sociedad frente a la angustia y desvalorización que padece un joven adicto sin proyecto de vida, casi analfabeto, sin familia contenedora, sin trabajo  y que abandonado entra en el  riesgo cierto de incursionar en el delito    .

La indiferencia y la estigmatización por la sociedad del adolescente adicto que no advierte que es víctima y que tanto el cómo su familia deben ser contenidos y ayudados por todos los resortes del estado para efectivizar el derecho humano a la salud y a una vida digna.

La ética no consiste solamente en el actuar conforme al “bien”, es algo mucho más trascendente y requiere generalmente conductas de valor , de compromiso, de interés activo y solidario  , más aun frente a el otro cuando es vulnerable.

Es ver las realidades descarnadas de nuestros niños, niñas y adolescentes cuando son víctimas en situaciones de violencia de género. Porque una madre agredida física o emocionalmente no podrá ejercer su rol materno de protección adecuadamente, porque un niño no está preparado para asumir y ser testigo de hechos de violencia en su seno de su familia. Porque, como expresa Eva Giberti,  los niños no se acostumbran a la violencia y al dolor, y sufren intensamente.

Cuando sale a la luz social el asesinato de un niño, el secuestro de un niño y su muerte hubo una cadena de miradas que fueron de evasión, conductas sin compromiso y una declamación de derechos del niño que solo quedaron en eso…en meras palabras. Un niño muerto es un grito de impotencia que estuvo silenciado, una voz de un niño que no fue escuchado.  Un adolescente muerto por sobredosis, un adolescente adicto en el ámbito del delito, una adolescente explotada sexualmente, “desaparecida” en las oscuras tramas de la trata , es responsabilidad de la indiferencia social y del Estado que antes los abandono a su suerte .

Condenamos los horrendos hechos, pero mientras el miedo, la indiferencia,  no sean desterrados  del actuar de todo operador social en su actuación frente a un niño, un adolescente víctima de violencia, maltrato o abuso sexual, mientras no haya conductas de búsqueda en el conocimiento multidisciplinario de las problemáticas de la violencia de género, adicciones y abuso sexual infantil e incesto seguiremos acumulando victimas …

No podremos evolucionar como sociedad humana si no miramos en esa dirección y asumimos cada uno en su rol social su compromiso inalienable para con niños, niñas y adolescentes, y lo hagamos con valor y con intención.

Y para concluir refiero las palabras de  Eva Giberti “ Los adultos, pero esencialmente quienes tienen capacidad de decisión no están exentos de responsabilidad en la necesidad de dotar de esperanzas el futuro de los niños”

 Graciela Dora Jofré* ( Jueza de Paz de Villa Gesell)

Gentileza de Margarita Zerda, Federacion  


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